El rechazo cotidiano

•enero 27, 2016 • 1 comentario

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Llevo tiempo preguntándome si se puede vivir al margen del sistema (y cómo sería) o al menos no seguir alimentando su sostenibilidad. En ocasaiones me he sentido un verdadero opositor (en sentido amplio) por llevar falda, ponerme las camisas del revés, pintarme las uñas, reemplazar ciertas normas en la comunicación o la escritura, o no participar de parte de las convenciones sociales; pero recientemente me he dado cuenta de que soy un verdadero novato en cuanto a rechazar el sistema en sentido global (1). Tengo un televisor Samsung, una cuenta en Google, un coche Volkswagen, una cuenta en el BBVA… Soy conciente de que rechazar “realmente” el sistema conduce de amenra inevitable a estar fuera del mismo, a no participar de él, a lo que le pasó a Christopher Johnson McCandless (2) cuando decidió dejarlo todo y vivir afuera. Pero ¿no podemos realizar ciertas acciones locales que nos permitan oponernos al sistema en sentido concreto (y también, cómo no, en sentido global)? Un compañero de fatigas me habló de determinadas cuentas de correo que no están bajo el dominio de grandes empresas como Google o Facebook; ¿podemos utilizar esta idea, como si se tratase de un faro, para guiarnos hacia una vida de rechazo del dominio de los grandes lobbys y así contribuir lo menos posible a la perpetuación del sistema capitalista? Para mí sería una realización antisistema comprobar que puedo eliminar de mi día a día, en la medida de lo posible, la utilización de todos estos elementos de control y sometimiento a los que ahora, tan rutinariamente, contribuyo. Os invito a que utilicéis este espacio para proponer alternativas; diferentes modos de comprar, de transportarnos, de comunicarnos, de vestirnos, de alimentarnos… que supongagn una auténtica alternativa al sistema ¿Qué os parece?

 

(1) Utilizo aquí los términos “global” y “concreto” con el mismo sentido que y ahiciera en la entrada del blog “Definiendo el sistema”.

(2) En la entrada de este blog “La llamada de la naturaleza” puede leerle un comentario sobre la actutid de C. McCandless.

Claves de la Convergencia 3

•julio 29, 2015 • Dejar un comentario

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Claves de la Convergencia 2

•julio 26, 2015 • Dejar un comentario

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Claves de la Convergencia

•julio 24, 2015 • Dejar un comentario

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La cámara y el bolígrafo

•octubre 15, 2014 • 1 comentario

Point and ShootMe pregunto si, al igual que ya ocurriera con la filosofía en la Grecia Clásica (y no menos hoy), el arte tiene como emisor y como receptor el sujeto burgués, a la única persona que posee las condiciones y el lenguaje capaz de producir, consumir y comprender dichos significados. ¿Es ésta una limitación insuperable tanto para el arte como para la filosofía en tanto medios de transformación social? Gabriel Sala en su “Panfleto contra la estpidez contemporánea” ya advierte de que se trata de un escrito dirigido precisamente a aquel al que va a criticar… para las personas que ya poseen el discurso que se pone en tela de juicio (el voyeur). Si la tranformación social, como defiende Martha Rosler, sólo se da en la calle, y no en un aula magna ni en un museo metropolitano ¿cómo vamos a transformar la realidad desde la comodidad de nuestra banda ancha y nuestros perfiles de internet? El arte (y el artista como creador) puede recibir la misma crítica que ya le hicieran sus alumnos a Adorno y Horkheimer a propósito de la Teoría crítica ¿Podemos ir más allá del discurso crítico (es decir, a la tranformación de la realidad) desde una climatizada sala de exposiciones del Museo de Arte Moderno de Nueva York?

La llamada de lo salvaje II

•diciembre 16, 2013 • 1 comentario

En la “llamada de la naturaleza” (1) se acierta a dar con  algunas claves de la búsqueda de lo salvaje: una búsqueda en lo más profundo de nosotros mismos en un mundo superficial que nos rodea. También en la entrada: “¿Se puede vivir fuera del sistema?” (2) y en el debate a raíz de esta pregunta se reflexiona sobre la lucha por la alternancia: ¿desde lo social o desde la soledad y la acción aislada ejemplarizante? Desde cualquiera de estos dos posicionamientos, que podrían parecer contrapuestos a primera vista, comprendimos su interrelación: el mensaje de Chris McCandless, y la vuelta a la civilización después de culminado su viaje hacia tierras salvajes (3), el cual constituye una metáfora del viaje interior emprendido desde el momento en que inicia su viaje “físico”.

McCandless se adentra en el monte para explorar el territorio concreto de su propia alma, no para reflexionar sobre la naturaleza o el mundo en general como en el caso de Thoreau; McCandless descubrió que en la naturaleza salvaje se desarrolla un fuerte vínculo emocional con la tierra y todo lo que la habita; se agudiza tanto la percepción exterior como la interior.

Identificarse con McCandless; incluso aquellos que lo critican reconocen en él algo suyo: un espíritu de aventura y rebeldía.

Estas son algunas de las notas extraídas de los libros de cabecera de McCandless y de sus propias reflexiones:

“Refugiarme en la naturaleza” Naturaleza=pureza, Doctor Zhivago, Boris Pasternak.

“Escapar de la sociedad culto a la propia alma del hombre”, Gogol.

“La felicidad solo es real cuando es compartida” -Influencia de las lecturas en el pensamiento de McCandless. Entre sus autores favoritos cuenta Thoreau. Los pasajes del Diario de Thoreau sobre la sublimidad de las cumbres recuerdan especialmente la vida de Chris en las montañas:

La escalada como la aventura del viaje interior ante la tormenta interior de su existencia.

Chris se halla en la búsqueda, aspira a una nueva relación con las cosas más auténtica. CONTACTO CONTACTO, mundo real, material de las cosas. Thoreau.

La historia de Chris narrada por el periodista Krakauer: Hacia rutas salvajes, es un tratado de antropología, un relato de aventuras, una obra periodística y una biografía. Krakauer es un escalador y se identifica en algunos aspectos con Chris.

El mensaje que nos deja Mccandless es la vía de exploración interior, descubrirnos a nosotros mismos y la relación con lo más profundo que hay en nosotros y la naturaleza para volver a la civilización con una nueva forma de ser experimentada, ante la superficialidad e inautenticidad de la relación de las cosas y las mercancías en la sociedad capitalista (4).

(1) Ver entrada en este blog.

(2) Pregunta inicial de la que parte el blog.

(3) Aunque no pudiera consumar el regreso por una mala jugada del destino.

(4) A este respecto leer la entrada: “La ilusión capitalista”.

El pez, Fernando Cano

La ilusión capitalista

•julio 30, 2013 • Dejar un comentario

El capitalismo en nuestros días es lo más parecido a una religión, “ocaso de los ídolos”. Se trata de una religión que todo lo invade, somos poco conscientes del significado y el valor que damos a esa religión y que nosotros en buena parte sin ser conscientes de ello somos creadores y adoradores de ídolos. Nuestros comportamientos sociales e individuales corren el peligro de ser absorvidos por la religión capitalista si no nos damos cuenta de ello y no los sometemos a una revisión crítica.

Voy a proceder a resumir algunas características principales de la religión capitalista:

En primer lugar la religión capitalista se diferencia de otras por ser de culto pagano, es una religión cuyo culto es continuo: “todos los días son días festivos”. El ciclo de la producción y el consumo no conocen descanso y en ello encuentra la lógica de la producción capitalista su forma de ser. Para ilustrar este pensamiento podemos tomar como ejemplo la idea nietzscheana de la muerte del dios trascendente cristiano; el nuevo dios del capitalismo se halla envuelto en todas las cosas, en este sentido se trata de un dios inmanente.  El culto del capitalismo se dirige hacia cosas materiales, mercancías, que se convierten para los creyentes o consumidores en objetos de veneración y culto (fetichismo de la mercancía). Según M. Weber el capitalismo tiene detrás un condicionamiento religioso. W. Benjamin (1) va más allá de esta reflexión de Weber y dice que en sí mismo el capitalismo es una religión; se trata de la religión capitalista que se caracteriza por su paganismo, inmanencia y fetichismo de la mercancía.

Otro rasgo fundamental de dicha religión es que, al contrario de las religiones tradicionales, no produce expiación; a ojos del dios capitalista todos son culpables, no hay nadie libre del sistema capitalista, todos son piezas de la creación capitalista cuya existencia se basa en un modelo productivo eterno. El movimiento de producción encadena instantes, cada uno enlaza con otro y lo endeuda, de este modo no existe la ausencia de pecado, sino que todos estamos a ojos del dios capitalista en pecado constante. El modelo capitalista , ni que decir tiene, aumenta con ello la preocupación, la inseguridad existencial; rebaja el bienestar frente al miedo, la sensación y la constatación de estar en pecado que van en aumento. En el sistema capitalista la culpa se universaliza, todos somo “deudores”. En alemán existe la palabra “Schuld”, que tiene un significado religioso: culpa, y también un significado económico: deuda. En la religión capitalista, como decimos, no hay expiación, solo podemos salir de una deuda contrayendo otra, de este modo la deuda se reproduce constantemente hasta el infinito.

Punto central de la religión capitalista es la mercancía. La mercancía recibe la adoración de los consumidores, es una fuente de atracción irresistible y el motor que hace funcionar el consumo y la maquinaria de producción. La mercancía aparece envuelta en un velo onírico, no es la realidad material de la mercancía lo que el consumidor ve en ella, sino ante todo el fetichismo que la religión capitalista crea en torno suyo. Detrás del sueño capitalista se esconde el modelo de producción capitalista y la estructura de poder. En palabras de Adorno: “En el objeto de consumo debe hacerse olvidar la huella de su producción”. El esplendor capitalista esconde muchos sueños de la humanidad aún sin cumplir: la represión de la angustia, la injusticia, el antagonismo de clases o la revolución aún no realizada son algunos de ellos.Sin título, Arturo Martínez

En la religión capitalita no solo los objetos de uso se mercantilizan, tampoco el propio ser humano escapa a la lógica de este proceso. Para sobrevivir el ser humano tiene que vender su fuerza de trabajo; en este proceso se convierte en una mera pieza del sistema de engranaje; el hombre se especializa en una determinada área de producción, ello conlleva una fragmentación del interior del propio ser humano y a la postre una fragmentación de la propia sociedad donde este habita y convive (2).

La religión capitalista impone una visión propia del mundo y la realidad. La agudización de la sensación es promovida por el capitalismo. Se trata de crear vínculos de afectividad con los objetos, no con otros seres humanos. Este proceso podemos llamarlo “empatización con la mercancía”. En este proceso el ser humano se halla envuelto en un estado de embriaguez y la realidad adquiere una apariencia engañosa. La sensación se dirige al presente y a la novedad de las cosas, por eso el capitalismo ha de crear la ilusión de que se producen cosas nuevas constantemente. En el capitalismo los productos nacen con fecha de caducidad. El pasado no es valorado por el capitalismo, que es culto a la novedad. Los vínculos con el pasado son cortados, así como otros tipos de experiencia de relacionarse con el mundo son marginados.

La ideología capitalista crea la ilusión de que no hay más historia que la suya, me refiero al carácter de atemporalidad del capitalismo. Para despertar del mal sueño del capitalismo hay que ser conscientes y tomar distancia frente a este tipo de concepción, Hay realidades y alternativas más allá del capitalismo, no caer en el mensaje de que la vida no existe o no podría funcionar de otra forma, porque ese es el mensaje que la ideología neoliberal nos quiere imponer todos los días. Por supuesto que hay otras formas de entender el mundo, hay que revisar valores y conductas que nos son impuestas si queremos cambiar las cosas.

Por último quiero referirme a la consigna que W. Benjamin, el intelectual judío, daba para despertar del sueño capitalista: Según Benjamin era necesaria una nueva relación y experiencia con el pasado, ahí veía un material explosivo para la acción política que pone en evidencia el ocultamiento claro y represivo de las historias de sufrimientos y esperanzas no cumplidas de la humanidad por parte del capitalismo.

(1) El capitalismo como religión

(2) Schiller, La educación estética del hombre

 
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