Claves de la Convergencia 3

•julio 29, 2015 • Dejar un comentario

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Claves de la Convergencia 2

•julio 26, 2015 • Dejar un comentario

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Claves de la Convergencia

•julio 24, 2015 • Dejar un comentario

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La cámara y el bolígrafo

•octubre 15, 2014 • 1 Comentario

Point and ShootMe pregunto si, al igual que ya ocurriera con la filosofía en la Grecia Clásica (y no menos hoy), el arte tiene como emisor y como receptor el sujeto burgués, a la única persona que posee las condiciones y el lenguaje capaz de producir, consumir y comprender dichos significados. ¿Es ésta una limitación insuperable tanto para el arte como para la filosofía en tanto medios de transformación social? Gabriel Sala en su “Panfleto contra la estpidez contemporánea” ya advierte de que se trata de un escrito dirigido precisamente a aquel al que va a criticar… para las personas que ya poseen el discurso que se pone en tela de juicio (el voyeur). Si la tranformación social, como defiende Martha Rosler, sólo se da en la calle, y no en un aula magna ni en un museo metropolitano ¿cómo vamos a transformar la realidad desde la comodidad de nuestra banda ancha y nuestros perfiles de internet? El arte (y el artista como creador) puede recibir la misma crítica que ya le hicieran sus alumnos a Adorno y Horkheimer a propósito de la Teoría crítica ¿Podemos ir más allá del discurso crítico (es decir, a la tranformación de la realidad) desde una climatizada sala de exposiciones del Museo de Arte Moderno de Nueva York?

La llamada de lo salvaje II

•diciembre 16, 2013 • 1 Comentario

En la “llamada de la naturaleza” (1) se acierta a dar con  algunas claves de la búsqueda de lo salvaje: una búsqueda en lo más profundo de nosotros mismos en un mundo superficial que nos rodea. También en la entrada: “¿Se puede vivir fuera del sistema?” (2) y en el debate a raíz de esta pregunta se reflexiona sobre la lucha por la alternancia: ¿desde lo social o desde la soledad y la acción aislada ejemplarizante? Desde cualquiera de estos dos posicionamientos, que podrían parecer contrapuestos a primera vista, comprendimos su interrelación: el mensaje de Chris McCandless, y la vuelta a la civilización después de culminado su viaje hacia tierras salvajes (3), el cual constituye una metáfora del viaje interior emprendido desde el momento en que inicia su viaje “físico”.

McCandless se adentra en el monte para explorar el territorio concreto de su propia alma, no para reflexionar sobre la naturaleza o el mundo en general como en el caso de Thoreau; McCandless descubrió que en la naturaleza salvaje se desarrolla un fuerte vínculo emocional con la tierra y todo lo que la habita; se agudiza tanto la percepción exterior como la interior.

Identificarse con McCandless; incluso aquellos que lo critican reconocen en él algo suyo: un espíritu de aventura y rebeldía.

Estas son algunas de las notas extraídas de los libros de cabecera de McCandless y de sus propias reflexiones:

“Refugiarme en la naturaleza” Naturaleza=pureza, Doctor Zhivago, Boris Pasternak.

“Escapar de la sociedad culto a la propia alma del hombre”, Gogol.

“La felicidad solo es real cuando es compartida” -Influencia de las lecturas en el pensamiento de McCandless. Entre sus autores favoritos cuenta Thoreau. Los pasajes del Diario de Thoreau sobre la sublimidad de las cumbres recuerdan especialmente la vida de Chris en las montañas:

La escalada como la aventura del viaje interior ante la tormenta interior de su existencia.

Chris se halla en la búsqueda, aspira a una nueva relación con las cosas más auténtica. CONTACTO CONTACTO, mundo real, material de las cosas. Thoreau.

La historia de Chris narrada por el periodista Krakauer: Hacia rutas salvajes, es un tratado de antropología, un relato de aventuras, una obra periodística y una biografía. Krakauer es un escalador y se identifica en algunos aspectos con Chris.

El mensaje que nos deja Mccandless es la vía de exploración interior, descubrirnos a nosotros mismos y la relación con lo más profundo que hay en nosotros y la naturaleza para volver a la civilización con una nueva forma de ser experimentada, ante la superficialidad e inautenticidad de la relación de las cosas y las mercancías en la sociedad capitalista (4).

(1) Ver entrada en este blog.

(2) Pregunta inicial de la que parte el blog.

(3) Aunque no pudiera consumar el regreso por una mala jugada del destino.

(4) A este respecto leer la entrada: “La ilusión capitalista”.

El pez, Fernando Cano

La ilusión capitalista

•julio 30, 2013 • Dejar un comentario

El capitalismo en nuestros días es lo más parecido a una religión, “ocaso de los ídolos”. Se trata de una religión que todo lo invade, somos poco conscientes del significado y el valor que damos a esa religión y que nosotros en buena parte sin ser conscientes de ello somos creadores y adoradores de ídolos. Nuestros comportamientos sociales e individuales corren el peligro de ser absorvidos por la religión capitalista si no nos damos cuenta de ello y no los sometemos a una revisión crítica.

Voy a proceder a resumir algunas características principales de la religión capitalista:

En primer lugar la religión capitalista se diferencia de otras por ser de culto pagano, es una religión cuyo culto es continuo: “todos los días son días festivos”. El ciclo de la producción y el consumo no conocen descanso y en ello encuentra la lógica de la producción capitalista su forma de ser. Para ilustrar este pensamiento podemos tomar como ejemplo la idea nietzscheana de la muerte del dios trascendente cristiano; el nuevo dios del capitalismo se halla envuelto en todas las cosas, en este sentido se trata de un dios inmanente.  El culto del capitalismo se dirige hacia cosas materiales, mercancías, que se convierten para los creyentes o consumidores en objetos de veneración y culto (fetichismo de la mercancía). Según M. Weber el capitalismo tiene detrás un condicionamiento religioso. W. Benjamin (1) va más allá de esta reflexión de Weber y dice que en sí mismo el capitalismo es una religión; se trata de la religión capitalista que se caracteriza por su paganismo, inmanencia y fetichismo de la mercancía.

Otro rasgo fundamental de dicha religión es que, al contrario de las religiones tradicionales, no produce expiación; a ojos del dios capitalista todos son culpables, no hay nadie libre del sistema capitalista, todos son piezas de la creación capitalista cuya existencia se basa en un modelo productivo eterno. El movimiento de producción encadena instantes, cada uno enlaza con otro y lo endeuda, de este modo no existe la ausencia de pecado, sino que todos estamos a ojos del dios capitalista en pecado constante. El modelo capitalista , ni que decir tiene, aumenta con ello la preocupación, la inseguridad existencial; rebaja el bienestar frente al miedo, la sensación y la constatación de estar en pecado que van en aumento. En el sistema capitalista la culpa se universaliza, todos somo “deudores”. En alemán existe la palabra “Schuld”, que tiene un significado religioso: culpa, y también un significado económico: deuda. En la religión capitalista, como decimos, no hay expiación, solo podemos salir de una deuda contrayendo otra, de este modo la deuda se reproduce constantemente hasta el infinito.

Punto central de la religión capitalista es la mercancía. La mercancía recibe la adoración de los consumidores, es una fuente de atracción irresistible y el motor que hace funcionar el consumo y la maquinaria de producción. La mercancía aparece envuelta en un velo onírico, no es la realidad material de la mercancía lo que el consumidor ve en ella, sino ante todo el fetichismo que la religión capitalista crea en torno suyo. Detrás del sueño capitalista se esconde el modelo de producción capitalista y la estructura de poder. En palabras de Adorno: “En el objeto de consumo debe hacerse olvidar la huella de su producción”. El esplendor capitalista esconde muchos sueños de la humanidad aún sin cumplir: la represión de la angustia, la injusticia, el antagonismo de clases o la revolución aún no realizada son algunos de ellos.Sin título, Arturo Martínez

En la religión capitalita no solo los objetos de uso se mercantilizan, tampoco el propio ser humano escapa a la lógica de este proceso. Para sobrevivir el ser humano tiene que vender su fuerza de trabajo; en este proceso se convierte en una mera pieza del sistema de engranaje; el hombre se especializa en una determinada área de producción, ello conlleva una fragmentación del interior del propio ser humano y a la postre una fragmentación de la propia sociedad donde este habita y convive (2).

La religión capitalista impone una visión propia del mundo y la realidad. La agudización de la sensación es promovida por el capitalismo. Se trata de crear vínculos de afectividad con los objetos, no con otros seres humanos. Este proceso podemos llamarlo “empatización con la mercancía”. En este proceso el ser humano se halla envuelto en un estado de embriaguez y la realidad adquiere una apariencia engañosa. La sensación se dirige al presente y a la novedad de las cosas, por eso el capitalismo ha de crear la ilusión de que se producen cosas nuevas constantemente. En el capitalismo los productos nacen con fecha de caducidad. El pasado no es valorado por el capitalismo, que es culto a la novedad. Los vínculos con el pasado son cortados, así como otros tipos de experiencia de relacionarse con el mundo son marginados.

La ideología capitalista crea la ilusión de que no hay más historia que la suya, me refiero al carácter de atemporalidad del capitalismo. Para despertar del mal sueño del capitalismo hay que ser conscientes y tomar distancia frente a este tipo de concepción, Hay realidades y alternativas más allá del capitalismo, no caer en el mensaje de que la vida no existe o no podría funcionar de otra forma, porque ese es el mensaje que la ideología neoliberal nos quiere imponer todos los días. Por supuesto que hay otras formas de entender el mundo, hay que revisar valores y conductas que nos son impuestas si queremos cambiar las cosas.

Por último quiero referirme a la consigna que W. Benjamin, el intelectual judío, daba para despertar del sueño capitalista: Según Benjamin era necesaria una nueva relación y experiencia con el pasado, ahí veía un material explosivo para la acción política que pone en evidencia el ocultamiento claro y represivo de las historias de sufrimientos y esperanzas no cumplidas de la humanidad por parte del capitalismo.

(1) El capitalismo como religión

(2) Schiller, La educación estética del hombre

La batalla por la supresión del tiempo

•diciembre 29, 2012 • 2 comentarios

Vivimos en la actualidad una sorda batalla por el tiempo (1) en el contexto de una sociedad enferma por la velocidad, eficiencia, rentabilidad y competitividad, “la competencia nunca duerme”, la noción de tiempo adquiere un valor fundamental en este sentido y no se puede estar perdiendo. La historia de la modernidad se caracteriza por una “crisis del tiempo”, la noción de tiempo ha sufrido serias modificaciones en contraste con otras épocas históricas, esta se caracteriza por la idea de “aceleración” en un triple sentido (2):

Una aceleración técnica: los avances técnicos no parecen destinados a facilitarnos la vida, hacérnosla más cómoda y proporcionarnos mayor descanso y tiempo para nosotros, al contrario, nos abocan al uso repetitivo  y sin sentido de esas técnicas y son en muchos casos instrumentos inhibidores y alienantes.

Una aceleración social que tiene que ver con el cambio frecuente de puesto de trabajo, de pareja o amistades, en muchos casos pueden considerarse estos tres valores como valores inconstantes.

Y una aceleración del ritmo de la vida: se habla y se piensa más rápido, lo cual no quiere decir mejor ni mucho menos, se duerme menos y se trabaja más.

La noción de tiempo moderna, lejos de ser una promesa de progreso y autonomía, se convierte en una “fuerza totalizadora” en el interior de nuestras sociedades. El individuo y la comunidad política pierden el control sobre el ritmo de su vida y su entorno, se ven invadidos por la inercia y el fatalismo, se vuelven presas del ritmo frenético y devorador de las sociedades modernas. Detrás de la vida individual se esconde un “régimen de tiempo” del que el propio individuo muchas veces no es consciente, las sociedades modernas están enfermas, padecen “hambruna temporal”.

La cuestión del tiempo en nuestras sociedades es también una cuestión de clase y lucha de clases. Afecta más y más directamente al desempleado, al inmigrante, a la mujer y al trabajador poco cualificado que a las clases altas de la sociedad, aunque tampoco estas se libran de la esclavitud del tiempo.

Si bien el tiempo oficial del trabajo se ha ido reduciendo desde el comienzo de la era moderna el tiempo de la vida moderna ha continuado acelerando hasta una velocidad infernal, “reinado del reloj” y apropiación del mundo. Esto tiene que ver con el uso de las nuevas tecnologías que nos permiten “estar conectados” fuera del horario tradicional del trabajo y también con el control del ocio por medio del pensamiento dominante y sus instrumentos inhibidores de control: la televisión y los medios de comunicación.

La noción moderna de tiempo va ligada a una disciplina y forma de control: en el trabajo, en la escuela e incluso en el ocio. Hay ciertas formas de control del ocio para que este no devenga en algo improductivo y peligroso. El ocio es una parte fundamental en el desarrollo de todo individuo y comunidad social-política, es tiempo para pensar, escribir, hablar o simplemente disfrutar los placeres de la vida ociosa. También el juego forma parte importante del desarrollo sensible e intelectual del individuo y la comunidad en F. Schiller: “El hombre solo juega cuando es hombre en el pleno sentido de la palabra, y solo es enteramente hombre cuando juega” (3). En opinión del sociólogo alemán H. Rosa es fundamental deshacerse de los “recursos temporales” para el ocio y el juego, hay que hacer de estos una forma de vida: aprender a perder el tiempo. Por aquí pasa la alternativa, “sorda batalla por el tiempo”. El pensamiento de la alternativa debe plantearse también en términos de tiempo, “supresión del tiempo”, distanciamiento del ritmo frenético de la vida para recuperar un espacio vital alternativo hoy dominado por fuerzas sistémicas externas y por el pensamiento dominante.

Calvo

(1) “Una sorda batalla por el tiempo”, Le Monde diplomatique en español, diciembre 2012 / Halt mal! Der Wert der Zeit: Ein Leitfaden zur Entschleunigung, Die Zeit, nº 50, 6 de diciembre 2012.

(2) Hartmut Rosa

(3) En Cartas sobre la educación estética del hombre desarrolla el poeta, dramaturgo y filósofo alemán F. Schiller el concepto de juego, es un concepto central de su teoría estética y política. En el juego, al igual que en la contemplación de la obra de arte, queda el tiempo en suspenso, se suprime el tiempo.

 
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